Comuniones

El Recuerdo que nunca se va.

Fotografía, memoria y amor de familia

Hay momentos en la vida que mi mente bloquea por amor, no por olvido.

El día de mi comunión fue uno de esos instantes que guardo en el alma con una delicadeza especial: porque aquel traje blanco, aquella iglesia, aquella luz de infancia… la compartí con mi hermana. Y meses después, ella se marchó para siempre.

❝ Hice la comunión junto a mi hermana. Meses después, se fue para siempre. Por eso cada comunión que fotografío lleva dentro de mí el peso sagrado de ese recuerdo. ❞

Años después, ya adulto, ya fotógrafo, ya con la madurez que sólo da la pérdida, encontré en el objetivo de mi cámara la forma de sanar.

Fotografiar comuniones no es sólo mi trabajo. Es volver a aquel día. Es ser el hermano que está ahí, el familiar que siente, el testigo que preserva lo que el tiempo intentará borrar.

Y este año, el círculo se ha cerrado de una manera que sólo la vida sabe hacer.

Mi sobrina Elena —la que lleva el nombre de mi hermana— hace su comunión este 2026. Ese nombre, pronunciado de nuevo entre flores blancas y promesas eternas, es un regalo que duele y cura al mismo tiempo.

Cuando fotografío una comunión, no llevo sólo una cámara. Llevo la memoria de quien fui, el amor de quien perdí y la mirada de quien entiende que este día, para esa familia, será el recuerdo más hermoso que tendrán de sus hijos siendo niños.

Por eso lo que yo creo no es una fotografía. Es un abrazo congelado en el tiempo.

En memoria de mi hermana

E L E N A

y en celebración de mi sobrina que lleva su nombre

Primera Comunión · 2026

Con todo mi amor y toda mi verdad. Mi recuerdo, para siempre.

· Fotografía · Memoria · Amor · Familia ·


Comuniones